20 síntomas de salud que no debes pasar por alto


No se trata de convertirnos en hipocondriacos y colapsar las urgencias a la primera de cambio, pero tampoco de permanecer impasibles y confiados ante los avisos del organismo.

“Uno de los problemas que tiene nuestro sistema sanitario, tan bueno y tan envidiado en otros países, es la sobresaturación que se origina en las urgencias hospitalarias como consecuencia del número de pacientes que acuden con unas dolencias menores que pueden ser atendidas perfectamente por el médico de familia”.

Sin embargo, también se da el caso contrario: pacientes que no recurren a ningún profesional, aunque los síntomas sean más que evidentes y requieran una opinión especializada.

Un estudio del Instituto de Investigación del Cáncer del Reino Unido publicado en 2014 en la revista PLOS ONE señalaba que más de la mitad de los británicos –el 53 % de los 2.000 entrevistados– había sufrido alguno de los síntomas que podrían indicar la presencia de un cáncer, pero solo al 2 % se le pasó por la cabeza que pudiera padecer esta enfermedad, y más de un tercio ignoró las alarmas y no solicitó el dictamen de un experto.

Ante los resultados, la doctora Katriina Whitaker, autora principal de la investigación, aseguró: “Tenemos que lanzar el mensaje de que los síntomas que no desaparecen, particularmente aquellos que se consideran señales de aviso, no deben ignorarse, y hay que ir al médico para buscar ayuda”.

A continuación indicamos algunos de esos indicios a los que deberíamos estar más atentos, porque el diagnóstico a tiempo de una enfermedad puede ser sinónimo de curación.

1. Dolor de espalda

La Sociedad Española de Reumatología (SER) lo ha cuantificado: el 80 % de la población sufrirá dolor de espalda en algún momento de la vida.

A menudo se debe a esfuerzos o a una mala postura, pero puede indicar la existencia de una hernia discal. El dolor que produce en el cuello irradia hacia el hombro y el brazo. Es muy típica la sensación de hormigueo y entumecimiento en este último y en la mano. En la ciática o radiculopatía la molestia se ubica en las lumbares y se extiende a lo largo del nervio pinzado hacia los glúteos y la pierna.

 

2. Prurito

El picor es un mecanismo de defensa que hace que el paciente se rasque o se frote para aliviarlo, y eliminar así parásitos dañinos u otros cuerpos extraños presentes en la piel.

En la mayoría de los casos no pasa de una simple molestia más o menos intensa, pero pasajera y sin relevancia para la salud.

 

Prurito crónico

Cuando el prurito se vuelve crónico estamos ante el aviso de una enfermedad; dermatitis, alergias, urticaria e infecciones cutáneas provocan muchas veces picor.

También se manifiestan así algunos trastornos metabólicos – diabetes y problemas de tiroides; dolencias hepáticas, como la cirrosis; la anemia y otros males de la sangre; determinados tipos de cáncer –linfoma, leucemia, plasmocitoma–; así como el trastorno obsesivo compulsivo y las infestaciones parasitarias por lombrices intestinales o piojos.

 

3. Disfunción eréctil

Al menos la mitad de los varones de más de cuarenta años han sufrido en algún momento un problema de erección. Solo reviste gravedad si se convierte en algo permanente. Puede estar ocasionada por factores psicológicos –el miedo al fracaso sexual–, por el consumo de tabaco y alcohol, o ser una señal de un trastorno cardiovascular, desajustes hormonales o lesiones neurológicas. A menudo surge como efecto secundario tras el consumo de algunos medicamentos.

 

4. Uñas blanquecinas

Una proteína rica en azufre, la queratina, forma las uñas que protegen los tejidos de los extremos de los dedos. Si lucen rosadas y traslúcidas, podemos estar tranquilos. Las alteraciones en su coloración indican algún problema dermatológico, y también enfermedades sistémicas –que afectan a varios órganos del cuerpo–, infecciones por hongos, intoxicaciones o secuelas por el consumo de determinados fármacos.

 

5. Canas prematuras

El blanqueamiento del pelo es el resultado de la decoloración natural vinculada al envejecimiento. Este fenómeno afecta tanto a hombres como a mujeres y aparece por lo general entre los 35 y los 40 años. Aunque los jóvenes cuya melena empiece a teñirse de canas antes de tiempo deberían estar alerta porque puede ser un síntoma de anemia o de alteraciones en la glándula tiroides. En ocasiones apunta a una deficiencia en la ingesta de algunas vitaminas, básicamente las del llamado complejo B.

 

6. Tos persistente

El cuerpo recurre a un reflejo involuntario muy eficaz, toser, para mantener despejadas las vías respiratorias. Pero las sacudidas constantes que provoca ocasionan a veces dolores de cabeza, náuseas o incontinencia urinaria. Los neumólogos consideran persistente la tos cuando dura más de tres semanas.

 

Cuando la tos no remite

Si no tienes alergia o asma y no eres fumador, hay que estudiar el motivo de este síntoma, pues en la mayoría de los casos esconde alguna anomalía respiratoria: alergias, bronquitis aguda o crónica, enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), asma bronquial, tosferina, difteria, tuberculosis, laringitis o neumonía, entre otras dolencias.

 

 

7. Dolor de cabeza

Unas gafas mal graduadas, grandes esfuerzos físicos o la tensión excesiva de los músculos de la cara provocan a la larga dolor de cabeza. Este síntoma es también un indicio de vista cansada, y una de las señales de afecciones tan comunes como la gripe, el resfriado y la alergia. Además, surge por falta de sueño y si se ha consumido mucho alcohol u otras sustancias tóxicas.

 

Una dolencia muy común

Representa una de las molestias más comunes –alrededor del 3 % de la población la sufre a diario– que en ocasiones indica la existencia de enfermedades más importantes: trastornos metabólicos como hipoglucemia, meningitis, encefalitis, apoplejía, dificultades circulatorias, ictus y tumores cerebrales.

 

8. Cansancio

Todos, en algún momento, nos hemos sentido débiles o agotados por falta de sueño, un día de trabajo intenso, algún viaje agotador, una situación agobiante o la práctica excesiva de ejercicio. Pero detrás de un cansancio prolongado en ocasiones se esconden graves trastornos, como anemia, apnea del sueño, enfermedades cardiovasculares, cáncer o síndrome de fatiga crónica.

 

9. Dolor de mandíbula

El hábito involuntario de apretar o rechinar los dientes, conocido como bruxismo, ocasiona con frecuencia dolor mandibular. Algunas personas lo hacen cuando se sienten estresadas, y otras muchas, sin ser conscientes de ello, mientras duermen.

Este síntoma también puede ser consecuencia de una osteomielitis, una infección que viaja a través del torrente sanguíneo y afecta a los huesos y tejidos circundantes, en este caso, de la mandíbula. Más excepcionalmente aparece entre los síntomas de la angina de pecho, aunque los signos más característicos de esta alarma cardiaca son dolor opresivo en el tórax y molestias intensas en hombros, brazos, cuello y espalda.

 

10. Dificultad para tragar

Los cánceres de esófago, estómago o faringe se manifiestan con algo tan simple como no poder deglutir la comida con normalidad. Otra señal de este tipo de enfermedades es el dolor en la parte posterior de la boca. Todos estos tumores se dan con más frecuencia entre los fumadores y los bebedores empedernidos.

 

11. Diarrea y estreñimiento

Tener un par de días al año diarrea entra dentro de lo normal. Si no se acompaña de otros problemas de salud, una dieta blanda y una adecuada hidratación son suficientes para que mejore con rapidez. Pero si dura más de tres días y el paciente no nota ningún avance, debe acudir al médico. A veces puede ocasionarla algo tan pasajero como los nervios ante un examen, sin embargo, en otras es el síntoma de enfermedades infecciosas, intoxicaciones alimentarias o intolerancia a determinados alimentos.

 

Causas

El estreñimiento forma parte de los trastornos más frecuentes en la población. Las personas que lo sufren evacúan con dificultad, menos de tres veces por semana y en ocasiones con dolor –las heces, además, son duras–. Suele aparecer por una alimentación con poca fibra o como efecto secundario de algunos fármacos.

Debemos estar atentos, sobre todo, si el estreñimiento aparece en personas mayores de cincuenta años, hay cambios en el calibre de las heces y síntomas obstructivos o sangre en las excreciones.

 

12. Ronquera

Una de las señales más habituales de un resfriado es la molesta ronquera, que en sus casos más agudos puede desembocar en afonía. Está causada por la inflamación de las cuerdas vocales y a menudo desaparece por si sola al cabo de dos semanas, una vez curado el catarro. Se da entre personas que sufren reflujo gastroesofágico, y también se debe a procesos alérgicos o a la inhalación de sustancias irritantes: tabaco, alcohol...

Asimismo produce afonía forzar las cuerdas vocales hablando durante horas o cantando a voz en grito. Si no termina de curarse hay que sospechar de un mal funcionamiento del tiroides.

 

13. Extremidades hinchadas

El sedentarismo, la retención de líquidos, una ropa demasiado ajustada o el calor sofocante pueden ser motivo para que los brazos y piernas se hinchen. Sin embargo, si las molestias permanecen y van acompañadas de problemas respiratorios, podríamos encontrarnos ante una insuficiencia cardiaca congestiva. Este síntoma también aparece cuando se ha perdido mucho peso y el organismo empieza a consumir las únicas reservas que le quedan: las proteínas.

 

 

 

14. Resfriado

Un adulto sano se resfría una vez cada tres o cuatro meses –un niño puede doblar esa frecuencia–. Pero si se vive pegado a un pañuelo, conviene acudir al médico para que compruebe con un análisis si responde a un bajón en las defensas o a la existencia de alguna enfermedad respiratoria grave.

 

15. Fallos de memoria

¿Dónde he dejado las llaves? ¿A qué día estamos hoy? Si te haces estas preguntas de vez en cuando o las palabras que tienes en la punta de la lengua se resisten a salir, no te preocupes: los especialistas no le dan mayor importancia a estos despistes. Más de la mitad de los mayores de cincuenta años se quejan de lo mismo. Ana Martínez, investigadora en enfermedades neurodegenerativas del CSIC, explica que “la pérdida de memoria vinculada a acontecimientos recientes no tiene por qué hacernos sospechar que padecemos alzhéimer. Para que esa posibilidad fuera verosímil, deberían concurrir otros factores, como una predisposición genética o familiar a sufrirlo, edad avanzada –suele aparecer a partir de los setenta años–, cambios en la personalidad o en las relaciones sociales, desorientación espacio-temporal y problemas para reconocer a los familiares”.

 

16. Pliegue en el lóbulo de la oreja

Según un estudio que se presentó en el Congreso de las Enfermedades Cardiovasculares de 2014, la presencia de un pliegue diagonal en el lóbulo de la oreja está directamente relacionada con el padecimiento de infarto e ictus. “Se considera un marcador de enfermedad cardiovascular el pliegue cuya inclinación marca un ángulo de 45º en ambas orejas”, explica Claudia Rodríguez-López, del Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid. La oreja es, con la nariz, el único órgano que crece toda la vida, por lo que cuando una persona padece aterosclerosis –endurecimiento de las arterias– también sufre pequeñas lesiones vasculares en diversas zonas. En el caso de que se produzcan en la oreja, se origina un crecimiento desigual que fomenta que surja ese pliegue.

 

17. Pérdida de olfato

La dificultad para percibir los olores figura entre los síntomas que suelen pasar desapercibidos. Más allá de la alteración en el olfato causada por un catarro o una alergia, podría estar relacionada con el párkinson. En esta dolencia se acumulan en el cerebro del paciente unas proteínas llamadas cuerpos de Lewy. Durante la primera fase de la enfermedad, esos cúmulos afectan al bulbo olfativo y alteran la identificación de los olores.

 

18. Encías sangrantes

La gingivitis –inflamación y sangrado de las encías– se produce por lo general debido a las bacterias presentes en los restos alimenticios que quedan atrapados entre los dientes. Es una enfermedad muy frecuente, que sufre en algún momento de su vida el 80% de la población, sobre todo jóvenes y adolescentes. Con unas medidas higiénicas básicas termina por curarse sola. Pero si no se trata, la infección y la inflamación se diseminan desde las encías hasta los ligamentos y el hueso que sirven de soporte a las piezas dentales.

 

Periodontitis

Aparece así otra enfermedad conocida como periodontitis, la causa principal de caída de los dientes en los adultos. Además, está confirmado que representa un importante factor de riesgo para el desarrollo de enfermedades cardiovasculares.

19. Digestiones pesadas

Hasta el 30 % de la población sufre dispepsia, es decir, le cuesta hacer la digestión. Se manifiesta con frecuencia después de una comilona, una noche de juerga o de cenas con exceso de picante, alcohol u otros excitantes, y va acompañada de una batería de síntomas, como acidez, náuseas, flatulencias y distensión abdominal.

Si no remiten tomando antiácidos y persisten durante una semana, debe acudirse al centro de salud, porque pueden deberse a una úlcera péptica, a una gastritis y, en los casos más graves, a un cáncer de estómago.

20. Falta de apetito y anorexia

Estar inapetente durante un periodo de tiempo corto suele ser normal como consecuencia de un malestar pasajero, estrés laboral, problemas familiares e, incluso, una depresión. Si la falta de apetito se prolonga, podría indicar la existencia de otros problemas de salud.

En el caso de la anorexia nerviosa, la relación de los enfermos con la comida está completamente alterada y para que vuelva a la normalidad requiere de un tratamiento prolongado. Otras veces esa desgana puede responder a causas orgánicas como problemas cardiacos, gastrointestinales –intoxicaciones, intolerancias alimentarias, colon irritable–, pancreatitis, enfermedades de las glándulas tiroides, paratiroides y suprarrenales, hepatitis, alteraciones biliares y males neurológicos –demencias–. Hay señales muy reveladoras para los médicos. Por ejemplo, una pérdida de peso inexplicable de cinco o más kilos es muchas veces el primer signo de un cáncer de páncreas, estómago, esófago o pulmón.

Galeno ya decía en el siglo II que el síntoma sigue a la enfermedad como la sombra al cuerpo. Esa señal que nos manda el corazón, el pulmón o el estómago indica que algo no funciona bien. Un simple dolor de cabeza o unos pies hinchados los percibimos como molestias pasajeras en la mayoría de los casos, aunque en ocasiones también pueden ser indicios de graves enfermedades.

No se trata de convertirnos en hipocondriacos y colapsar las urgencias a la primera de cambio, pero tampoco de permanecer impasibles y confiados ante los avisos del organismo.

“Uno de los problemas que tiene nuestro sistema sanitario, tan bueno y tan envidiado en otros países, es la sobresaturación que se origina en las urgencias hospitalarias como consecuencia del número de pacientes que acuden con unas dolencias menores que pueden ser atendidas perfectamente por el médico de familia”, afirma José Luis Llisterri, presidente de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN).

Sin embargo, también se da el caso contrario: pacientes que no recurren a ningún profesional, aunque los síntomas sean más que evidentes y requieran una opinión especializada.

Un estudio del Instituto de Investigación del Cáncer del Reino Unido publicado en 2014 en la revista PLOS ONE señalaba que más de la mitad de los británicos –el 53 % de los 2.000 entrevistados– había sufrido alguno de los síntomas que podrían indicar la presencia de un cáncer, pero solo al 2 % se le pasó por la cabeza que pudiera padecer esta enfermedad, y más de un tercio ignoró las alarmas y no solicitó el dictamen de un experto.

Ante los resultados, la doctora Katriina Whitaker, autora principal de la investigación, aseguró: “Tenemos que lanzar el mensaje de que los síntomas que no desaparecen, particularmente aquellos que se consideran señales de aviso, no deben ignorarse, y hay que ir al médico para buscar ayuda”.

A continuación indicamos algunos de esos indicios a los que deberíamos estar más atentos, porque el diagnóstico a tiempo de una enfermedad puede ser sinónimo de curación.

1. Dolor de espalda

La Sociedad Española de Reumatología (SER) lo ha cuantificado: el 80 % de la población sufrirá dolor de espalda en algún momento de la vida.

A menudo se debe a esfuerzos o a una mala postura, pero puede indicar la existencia de una hernia discal. El dolor que produce en el cuello irradia hacia el hombro y el brazo. Es muy típica la sensación de hormigueo y entumecimiento en este último y en la mano. En la ciática o radiculopatía la molestia se ubica en las lumbares y se extiende a lo largo del nervio pinzado hacia los glúteos y la pierna.

 

2. Prurito

El picor es un mecanismo de defensa que hace que el paciente se rasque o se frote para aliviarlo, y eliminar así parásitos dañinos u otros cuerpos extraños presentes en la piel.

En la mayoría de los casos no pasa de una simple molestia más o menos intensa, pero pasajera y sin relevancia para la salud.

 

Prurito crónico

Cuando el prurito se vuelve crónico estamos ante el aviso de una enfermedad; dermatitis, alergias, urticaria e infecciones cutáneas provocan muchas veces picor.

También se manifiestan así algunos trastornos metabólicos – diabetes y problemas de tiroides; dolencias hepáticas, como la cirrosis; la anemia y otros males de la sangre; determinados tipos de cáncer –linfoma, leucemia, plasmocitoma–; así como el trastorno obsesivo compulsivo y las infestaciones parasitarias por lombrices intestinales o piojos.

 

3. Disfunción eréctil

Al menos la mitad de los varones de más de cuarenta años han sufrido en algún momento un problema de erección. Solo reviste gravedad si se convierte en algo permanente. Puede estar ocasionada por factores psicológicos –el miedo al fracaso sexual–, por el consumo de tabaco y alcohol, o ser una señal de un trastorno cardiovascular, desajustes hormonales o lesiones neurológicas. A menudo surge como efecto secundario tras el consumo de algunos medicamentos.

 

4. Uñas blanquecinas

Una proteína rica en azufre, la queratina, forma las uñas que protegen los tejidos de los extremos de los dedos. Si lucen rosadas y traslúcidas, podemos estar tranquilos. Las alteraciones en su coloración indican algún problema dermatológico, y también enfermedades sistémicas –que afectan a varios órganos del cuerpo–, infecciones por hongos, intoxicaciones o secuelas por el consumo de determinados fármacos.

 

5. Canas prematuras

El blanqueamiento del pelo es el resultado de la decoloración natural vinculada al envejecimiento. Este fenómeno afecta tanto a hombres como a mujeres y aparece por lo general entre los 35 y los 40 años. Aunque los jóvenes cuya melena empiece a teñirse de canas antes de tiempo deberían estar alerta porque puede ser un síntoma de anemia o de alteraciones en la glándula tiroides. En ocasiones apunta a una deficiencia en la ingesta de algunas vitaminas, básicamente las del llamado complejo B.

 

6. Tos persistente

El cuerpo recurre a un reflejo involuntario muy eficaz, toser, para mantener despejadas las vías respiratorias. Pero las sacudidas constantes que provoca ocasionan a veces dolores de cabeza, náuseas o incontinencia urinaria. Los neumólogos consideran persistente la tos cuando dura más de tres semanas.

 

Cuando la tos no remite

Si no tienes alergia o asma y no eres fumador, hay que estudiar el motivo de este síntoma, pues en la mayoría de los casos esconde alguna anomalía respiratoria: alergias, bronquitis aguda o crónica, enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), asma bronquial, tosferina, difteria, tuberculosis, laringitis o neumonía, entre otras dolencias.

 

 

7. Dolor de cabeza

Unas gafas mal graduadas, grandes esfuerzos físicos o la tensión excesiva de los músculos de la cara provocan a la larga dolor de cabeza. Este síntoma es también un indicio de vista cansada, y una de las señales de afecciones tan comunes como la gripe, el resfriado y la alergia. Además, surge por falta de sueño y si se ha consumido mucho alcohol u otras sustancias tóxicas.

 

Una dolencia muy común

Representa una de las molestias más comunes –alrededor del 3 % de la población la sufre a diario– que en ocasiones indica la existencia de enfermedades más importantes: trastornos metabólicos como hipoglucemia, meningitis, encefalitis, apoplejía, dificultades circulatorias, ictus y tumores cerebrales.

 

8. Cansancio

Todos, en algún momento, nos hemos sentido débiles o agotados por falta de sueño, un día de trabajo intenso, algún viaje agotador, una situación agobiante o la práctica excesiva de ejercicio. Pero detrás de un cansancio prolongado en ocasiones se esconden graves trastornos, como anemia, apnea del sueño, enfermedades cardiovasculares, cáncer o síndrome de fatiga crónica.

 

9. Dolor de mandíbula

El hábito involuntario de apretar o rechinar los dientes, conocido como bruxismo, ocasiona con frecuencia dolor mandibular. Algunas personas lo hacen cuando se sienten estresadas, y otras muchas, sin ser conscientes de ello, mientras duermen.

Este síntoma también puede ser consecuencia de una osteomielitis, una infección que viaja a través del torrente sanguíneo y afecta a los huesos y tejidos circundantes, en este caso, de la mandíbula. Más excepcionalmente aparece entre los síntomas de la angina de pecho, aunque los signos más característicos de esta alarma cardiaca son dolor opresivo en el tórax y molestias intensas en hombros, brazos, cuello y espalda.

 

10. Dificultad para tragar

Los cánceres de esófago, estómago o faringe se manifiestan con algo tan simple como no poder deglutir la comida con normalidad. Otra señal de este tipo de enfermedades es el dolor en la parte posterior de la boca. Todos estos tumores se dan con más frecuencia entre los fumadores y los bebedores empedernidos.

 

11. Diarrea y estreñimiento

Tener un par de días al año diarrea entra dentro de lo normal. Si no se acompaña de otros problemas de salud, una dieta blanda y una adecuada hidratación son suficientes para que mejore con rapidez. Pero si dura más de tres días y el paciente no nota ningún avance, debe acudir al médico. A veces puede ocasionarla algo tan pasajero como los nervios ante un examen, sin embargo, en otras es el síntoma de enfermedades infecciosas, intoxicaciones alimentarias o intolerancia a determinados alimentos.

 

Causas

El estreñimiento forma parte de los trastornos más frecuentes en la población. Las personas que lo sufren evacúan con dificultad, menos de tres veces por semana y en ocasiones con dolor –las heces, además, son duras–. Suele aparecer por una alimentación con poca fibra o como efecto secundario de algunos fármacos.

Debemos estar atentos, sobre todo, si el estreñimiento aparece en personas mayores de cincuenta años, hay cambios en el calibre de las heces y síntomas obstructivos o sangre en las excreciones.

 

12. Ronquera

Una de las señales más habituales de un resfriado es la molesta ronquera, que en sus casos más agudos puede desembocar en afonía. Está causada por la inflamación de las cuerdas vocales y a menudo desaparece por si sola al cabo de dos semanas, una vez curado el catarro. Se da entre personas que sufren reflujo gastroesofágico, y también se debe a procesos alérgicos o a la inhalación de sustancias irritantes: tabaco, alcohol...

Asimismo produce afonía forzar las cuerdas vocales hablando durante horas o cantando a voz en grito. Si no termina de curarse hay que sospechar de un mal funcionamiento del tiroides.

 

13. Extremidades hinchadas

El sedentarismo, la retención de líquidos, una ropa demasiado ajustada o el calor sofocante pueden ser motivo para que los brazos y piernas se hinchen. Sin embargo, si las molestias permanecen y van acompañadas de problemas respiratorios, podríamos encontrarnos ante una insuficiencia cardiaca congestiva. Este síntoma también aparece cuando se ha perdido mucho peso y el organismo empieza a consumir las únicas reservas que le quedan: las proteínas.

 

 

 

14. Resfriado

Un adulto sano se resfría una vez cada tres o cuatro meses –un niño puede doblar esa frecuencia–. Pero si se vive pegado a un pañuelo, conviene acudir al médico para que compruebe con un análisis si responde a un bajón en las defensas o a la existencia de alguna enfermedad respiratoria grave.

 

15. Fallos de memoria

¿Dónde he dejado las llaves? ¿A qué día estamos hoy? Si te haces estas preguntas de vez en cuando o las palabras que tienes en la punta de la lengua se resisten a salir, no te preocupes: los especialistas no le dan mayor importancia a estos despistes. Más de la mitad de los mayores de cincuenta años se quejan de lo mismo. Ana Martínez, investigadora en enfermedades neurodegenerativas del CSIC, explica que “la pérdida de memoria vinculada a acontecimientos recientes no tiene por qué hacernos sospechar que padecemos alzhéimer. Para que esa posibilidad fuera verosímil, deberían concurrir otros factores, como una predisposición genética o familiar a sufrirlo, edad avanzada –suele aparecer a partir de los setenta años–, cambios en la personalidad o en las relaciones sociales, desorientación espacio-temporal y problemas para reconocer a los familiares”.

 

16. Pliegue en el lóbulo de la oreja

Según un estudio que se presentó en el Congreso de las Enfermedades Cardiovasculares de 2014, la presencia de un pliegue diagonal en el lóbulo de la oreja está directamente relacionada con el padecimiento de infarto e ictus. “Se considera un marcador de enfermedad cardiovascular el pliegue cuya inclinación marca un ángulo de 45º en ambas orejas”, explica Claudia Rodríguez-López, del Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid. La oreja es, con la nariz, el único órgano que crece toda la vida, por lo que cuando una persona padece aterosclerosis –endurecimiento de las arterias– también sufre pequeñas lesiones vasculares en diversas zonas. En el caso de que se produzcan en la oreja, se origina un crecimiento desigual que fomenta que surja ese pliegue.

 

17. Pérdida de olfato

La dificultad para percibir los olores figura entre los síntomas que suelen pasar desapercibidos. Más allá de la alteración en el olfato causada por un catarro o una alergia, podría estar relacionada con el párkinson. En esta dolencia se acumulan en el cerebro del paciente unas proteínas llamadas cuerpos de Lewy. Durante la primera fase de la enfermedad, esos cúmulos afectan al bulbo olfativo y alteran la identificación de los olores.

 

18. Encías sangrantes

La gingivitis –inflamación y sangrado de las encías– se produce por lo general debido a las bacterias presentes en los restos alimenticios que quedan atrapados entre los dientes. Es una enfermedad muy frecuente, que sufre en algún momento de su vida el 80% de la población, sobre todo jóvenes y adolescentes. Con unas medidas higiénicas básicas termina por curarse sola. Pero si no se trata, la infección y la inflamación se diseminan desde las encías hasta los ligamentos y el hueso que sirven de soporte a las piezas dentales.

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